jueves, 2 de febrero de 2012

Tomas Moro, patrono de los gobernantes y políticos


Sin duda Tomas Moro es un hombre para la eternidad…





      La historia de Tomás Moro, que se remonta al siglo XV, ilustra con claridad la verdad de la ética política: La defensa de la libertad religiosa para cristianos, musulmanes, hindus, judíos, etc., frente a indebidas ingerencias del Estado, es al propio tiempo defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político,  como principio fundamental de todo orden civil acorde con la naturaleza del hombre y la mujer.

Gobernar es antes que nada ejercicio de virtudes en el que la actividad pública esté al servicio de la persona especialmente de los débiles, gestionando las controversias sociales con sentido de equidad y de promoción cultural y educativa.

Tomás Moro, es  un referente permanentemente vigente para gobernantes y operadores de la política. Caracterizado por su buen humor y sencilla humildad, armonía entre lo natural y lo sobrenatural, personalidad apasionada por la verdad, tanto en la vida pública como en la  privada incluso ante la muerte.

Con gran firmeza rechazó cualquier compromiso que fuera contra su propia conciencia. Durante el injusto proceso al que fué sometido pronunció una apasionada apología sobre el respeto del patrimonio jurídico inspirado en principios y valores cristianos.
  
    El ejemplo de su vida, de su amplia producción bibliográfica responden a la necesidad, que siente el mundo político y administrativo, de modelos creíbles que muestren el camino de la verdad ante los arduos desafíos, las graves responsabilidades, los fenómenos económicos y sociales, con el fin de modificar nuestras estructuras de marginación, pobreza y acercarnos cada vez más a la democratización de la riqueza y al desarrollo integral con ética, como  lo apunta Kliksberg, en pleno siglo XXI.
    
    He colocado un fragmento de la película de la Vida de Santo Tomás Moro, Un hombre para la eternidad, que si no se ha visto, recomiendo verla.  En el diálogo de ese fragmento sobresalen  entre sus virtudes: su personalidad humilde y jovial, desprendida de honores y riquezas; un equilibrado conocimiento de la naturaleza humana para diferenciar lo bueno de lo malo, la vanidad del éxito; seguridad de juicio y la Fé que le daba una fuerza interior.

     Virtudes todas que invitan a cuestionarnos tanto a nuestros  gobernantes como a nosotros mismos si:  

  •    ¿Debe un gobernante renunciar a los principios de su fé en el ejercicio del poder, cuando al ser llamado a servir a todos, especialmente a los desfavorecidos,  opta por favorecer tan sólo a unos pocos ?
  •   ¿Si algún día llegáramos a ocupar un cargo, por elección o por opción, conscientes de las necesidades y problemas de los demás, preferiríamos no ocuparlo para no arriesgar nuestro estatus y comodidades egoístas ?
  •    ¿Se vale todo con tal de instalarse en el poder rehuyendo el compromiso que tenemos como cristianos o la fe que profesamos ?
Tomás Moro, Canciller de la Corte de Inglaterra, fiel a sus creencias, prefirió la cárcel y la muerte antes que cambiar de camiseta para complacer al Rey Enrique VIII, no se aferró al puesto y prefirió morir antes que dejar de ser consecuente con sus principios. Al enterarse de su ejecución, Erasmo de Rotterdam dijo: " Su alma era más pura que la nieve, su genio era tan grande que Inglaterra nunca tuvo ni volverá a tener otro igual".

   El ejemplo de Moro, nos hace valorar que por encima del arte de gobernar, en lo legislativo, administrativo y lo judicial,  es necesario poner en práctica las virtudes indispensables de un buen gobierno, que sirvan no al poder, sino al supremo ideal del bien común.
   
    Juan Pablo II al proclamarlo Santo patrono de los gobernantes y de los políticos, indicó que de su vida y martirio brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres y mujeres de todos los tiempo de la inalienable dignidad de la conciencia.
   
   Para Su Santidad, cuando el hombre y la mujer escucha el llamado de la verdad, la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien.
    
   Los invito a profundizar más sobre la vida de Tomás Moro,  como ejemplo imperecedero de conciencia moral, dentro y fuera de la Iglesia, fuente de inspiración, especialmente para aquellos que están llamados a dirigir los destinados de los pueblos, a través de una política basada en el fin supremo de servicio a la persona humana.



 


                                                                                                                  

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

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